Palabras de la Directora de LA TARDE, Sonia Diaz Mantilla, en la Cena de presentación del libro “Espacio Público y Comercio en Calle”, en la noche del Viernes 22 de Octubre del 2010.Quiero agradecer en primera instancia al Presbítero Darío Valencia Uribe, rector de la Universidad Católica Popular de Risaralda, y a Orlando Parra Gómez, por creer que yo voy a hacer una exposición decente, de un trabajo como el que desarrollaron durante estos dos años en la Universidad.
También sin conocerlos a todos, debo agradecer a Lucía Ruiz Granada, Samuel López Castaño, Alejandro Torres García, Armando Gil Ospina, Gina Marcela Arias Rodríguez, Walter Augusto García Chaverra y César Fernando Idárraga Guerrero, por permitirnos a los lectores conocer cómo fue que desarrollaron este importantísimo trabajo de ciudad.
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Por lo menos cuatro imágenes, vinieron a mi cerebro al terminar la lectura de las 154 páginas que componen el texto “Espacio Público y Comercio en Calle”. Ventas informales. Experiencia Pereira-Colombia, 2008-2010.
La segunda imagen, es la del grupo de investigadores (conozco sólo a unos pocos), académicos, arquitectos, ingenieros, comunicadores, filósofos, sacerdotes, etc., que hicieron parte del estudio que hoy se entrega al público, que trabajaron durante 2 años y que pusieron el punto final a este documento, el sábado 18 de septiembre de 2010.
La cuarta –combinada- es la de los 57 negocios de rumba instalados en cinco cuadras, a lado y lado de la Circunvalar, y los 14 grandes negocios de comidas rápidas, que no tienen nada qué envidiarle a las grandes cadenas de comida de ese estilo, porque facturan mucho dinero, tienen muchos empleados, pero también, parece, ejercen un comercio de calle.
“Espacio Público y Comercio en Calle”, es si se quiere el documento más completo escrito hasta ahora sobre ese tema en Pereira, porque no aborda el tema de los usos del espacio público por particulares con fines económicos, no solamente de la forma romántica como parte de la academia colombiana lo ha visto en 30 años, sin cambiar ni actualizar el discurso, ni muchos menos los usos.
Son muchos los aportes que hace el libro al análisis del espacio público en Pereira. Uno de los que en mi particular concepto va a ser vital, es el de la confianza.
La Universidad Católica construyó esos lazos, los de la confianza y la sinceridad con los diferentes actores que tuvo que abordar para la realización de la investigación y el acompañamiento en estos tres años. Esa confianza solo es posible establecerla, cuando las relaciones no están mediadas por la instrumentalización.
Recuerdo que en un primer momento, la percepción, alimentada en parte desde lo público, era que la Católica se iba a encargar del tema del espacio público. Algo así como que el jardín infantil donde se dejan los niños desde los 10 meses, y luego el colegio o la universidad, son los lugares que tienen la responsabilidad de educar a los hijos.
El asunto, como lo dijo recientemente un expresidente brasilero es ¿quién se está haciendo las preguntas fundamentales sobre la sociedad? ¿Cómo vamos a hacer para que todo el pueblo sienta y comprenda que es importante respetar las leyes, y que detrás de ese respeto por las leyes se construye bienestar para todos?
El espacio público, dice Erika Fontáñez Torres, una experta centroamericana en ese tema, “son los lugares donde el grado de exclusión es menor, por no decir ninguno. Es poder y simbolismo, un entramado complejo de relaciones de dominación y subordinación, de solidaridad y cooperación, donde no hay intimidad”.
Las visiones sobre el espacio público pasan, como decía, por el romance de la venganza bíblica, de que los mercaderes pueden quedarse donde les antoje, pasando por las descripciones del Nobel Mario Vargas Llosa de su Lima sitiada en los 80’s por la invasión de sus espacios públicos, hasta la resolución por el derecho, desde la doctrina del foro público y su relevancia en el sistema democrático. Ninguna de las anteriores acepciones, ni siquiera la legal, no obstante, significa que los ciudadanos tengan un derecho absoluto al uso de los espacios comunes.
Algunas doctrinas espirituales sitúan nuestra animalidad, como uno de los estadios de nuestra ignorancia que impiden que ascendamos de mejor manera en nuestro camino hacia la realización del alma. Y en la territorialidad sí que es notorio nuestro ser ignorante mamífero. Un espacio de un metro cuadrado o menos, se convierte en la realización de vida para muchos.
Bien concretan los autores del libro “Espacio público y Comercio en calle”, cómo debe ser el manejo integral de las ventas informales:
• Con ordenamiento y regulación, que se cumpla.

• Medible en el tiempo
• Cuantificable, con respecto a los cambios que se operen.
• Evaluado por resultados
• Con respuestas o planes siguientes, a las implementaciones a que haya lugar.
La administración actual de Pereira, que preside Israel Londoño Londoño, decidió optar por la implementación del programa de manejo integral de ventas informales por concertación.
Somos responsables por nuestras decisiones, y eso es válido para un individuo o para una entidad, para un estado, para una sociedad.
En otros apartes de “Espacio Público y Comercio de Calle”, se evidencian las tensiones internas entre los expertos e investigadores, sobre los alcances de su trabajo y hasta de la pertinencia de continuar desarrollando la asesoría, en momentos en que como era previsible, la investigación se iba a convertir en argumento o arma de negociación política.
En las últimas 50 páginas se evidencian esas dudas, esos temores, esos desencuentros internos entre el grupo de expertos de la U. Católica. Preguntas de grandes consecuencias gravitaban sobre hasta dónde llegaban las responsabilidades en la confección de la propuesta, si se tiene en cuenta que muchas de esas inquietudes hacen parte del carácter filosófico y misional de la universidad.
Como no tenemos la otra versión de esta historia, la que se adelantaba desde lo público, desde las expectativas e inquietudes de quienes tienen a su cargo la administración de la ciudad, podríamos plantearles unas preguntas para que resuelva el tiempo, el implacable, el que pasó:
-¿Qué tan convencidos estaban los administradores de lo público, de la necesidad de darle un orden a las ventas de calle en el centro histórico de Pereira y en el subcentro de Cuba?
-¿Qué tanto estaban dispuestos a negociar, en materia política, para recuperar los espacios y lugares públicos?
-¿Realmente les parecía un asunto de importancia alta para resolver en la ciudad, o sólo un tema coyuntural de agenda mediática o con el cual se aseguraba un acercamiento con los grupos de poder?
-¿De qué tamaño es la negociación con el espacio ajeno?
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Los sitios públicos, los lugares o espacio de todos, son vitales para el desarrollo de la democracia y de las sociedades. Si desaparecen, se llevan a nuestras costumbres, los hábitat sociales, políticos, económicos, religiosos y de conducta. Desaparecen, porque cada cual hace lo que quiere.
Las ventas de calle no van a desaparecer. Y ya no se puede hacer nada para devolver 16 años (tiempo promedio en ese oficio), a la vida de los vendedores informales del centro de Pereira.
Por eso resultan de tal importancia las muchas recomendaciones contenidas en “Espacio Público, Comercio en Calle”, como que se generen unas instituciones que atiendan el tema del espacio público, no solo el utilizado para las ventas informales sino todos: el que sirve para el tránsito y desarrollo de las personas, ocupado por comidas rápidas, carros, avisos, compañías de telefonía celular y talleres, entre otras actividades.
Las lecciones aprendidas son muchas a lo largo del proceso para la ciudad y para los protagonistas del proyecto. Destaco sólo las que considero
• En primer lugar, que hacían falta investigación y comprobación sobre el fenómeno.
• Luego, que los regalos, salvo los del cielo, solo deben obedecer a merecimientos interesados, que convengan a todos.
• Tercero, que más que voluntad para abordar el tema, se requiere la convicción de que organizar a los comerciantes informales y recuperar el espacio público, son temas prioritarios para nuestra ciudad y que deben estar en primer orden de los asuntos públicos y ciudadanos.
• Y cuarto, pero no menos importante, que cualquier iniciativa necesita continuidad en el tiempo. Porque de lo que aquí se trata, no es de malgastar cada cierto tiempo unos recursos para darle contentillo a una parte de la galería y hacerle creer que está incidiendo en los asuntos públicos.
Porque hacer lo contrario, sería darle la razón al abuelo Salomón en su filosófico resumen de: Animémonos y vayan.